El 29 de marzo de 2026 la plaza de Inca tenía todo dispuesto para la corrida del centenario de una de las casas ganaderas más reconocibles de Castilla-La Mancha. El coso mallorquín, uno de los pocos escenarios activos del archipiélago, había preparado un festejo de los que marcan temporada, con seis toros que llevaban meses seleccionados para la efeméride. La lluvia obligó a suspender el festejo y los seis toros regresaron al campo sin pisar el ruedo. La decisión del ganadero fue tan sobria como su hierro: no lidiarlos ya ese año y reservarlos para verlos como cinqueños en 2027, es decir, con un año más de dehesa a sus espaldas, cuando el toro ha completado su desarrollo óseo y muscular y suele mostrar la seriedad que se le presume a esta divisa. Guardar una camada entera es una apuesta cara, porque supone mantenerla otro ciclo completo de pastos, pero encaja con la manera de entender la crianza en esta casa.
La historia arranca en 1914, cuando los hermanos Flores Flores formaron el hierro con reses compradas a Eduardo Olea, a las que agregaron después un lote de vacas y un semental de José Vega, anunciándose a nombre de Samuel Hermanos. Aquella primera etapa, como tantas de comienzos del siglo XX, se construyó sumando lotes de procedencias distintas hasta dar con una línea que convenciera a la familia. El paso decisivo fue la compra, a mediados de los años veinte, de una cuarta parte de la ganadería de los herederos de Luis Gamero Cívico y Torres, el lote de doña Juana Gamero Cívico, que antes había pasado por manos de Juan Domínguez Delgado. Aquellas particiones entre herederos fueron habituales en el campo bravo andaluz y explican que una misma sangre se repartiera entre varios hierros. Esa compra es la que la casa ha celebrado en 2026 como su centenario.
Al término de la Guerra Civil, Samuel Flores reorganizó una vacada prácticamente desaparecida, en un momento en que buena parte de las ganaderías españolas habían visto sus camadas diezmadas por las requisas y la falta de alimento. De todo lo anterior sobrevivió únicamente un reducido núcleo de sangre Gamero Cívico, y ese es el encaste que ha llegado hasta nuestros días: la casa se reconstruyó, por tanto, desde un puñado de animales y una decisión de no mezclar. En 1968 fue cedida a Agropecuaria de Sierra Morena, S.A., fórmula societaria que dio continuidad jurídica al patrimonio familiar, y desde 1969 figura como consejero delegado Samuel Flores Romano. La antigüedad está fechada el 22 de abril de 1928, cuando el hierro se presentó en Madrid con la divisa azul, encarnada y oro que sigue anunciándose hoy, con zarcillo por señal en ambas orejas. Esa antigüedad no es un dato decorativo: determina el orden en que la ganadería se anuncia en los carteles cuando comparte festejo con otras.
Los llamados samueles se reconocen desde el tendido antes de leer el cartel, algo que muy pocos hierros pueden decir en una época de morfologías cada vez más homogéneas. Su rasgo más citado es la arboladura: cornamentas desarrolladas, gruesas y con frecuencia astracadas o cornivueltas, sobre un cuerpo largo, hondo, de cruz baja y papada abundante que les presta ese aire leonino tan comentado en Las Ventas, donde el público valora especialmente la seriedad de cabeza y el trapío.
Esa exigencia explica sus altibajos y también su reputación de hierro incómodo para quien busca la comodidad. Las crónicas madrileñas han sido severas con la divisa —se le ha reprochado mansedumbre y falta de cuajo—, mientras que en Francia o en Málaga ha firmado tardes de mejor recuerdo, plazas donde el aficionado premia la emoción del toro encastado por encima del trámite. Pocas divisas concentran opiniones tan encontradas, y ahí reside precisamente su valor como toro de casta antigua: el que no se deja domesticar por el molde dominante.
El hierro ha sido históricamente uno de los más anunciados en la corrida de Beneficencia de Madrid, el festejo de mayor solemnidad del calendario venteño, y fue estoqueado por figuras de generaciones muy distintas, como Luis Miguel Dominguín, Manuel Benítez El Cordobés o Enrique Ponce. Entre sus toros célebres destaca Garcito, número 16, lidiado por Paquirri en la Beneficencia de 1980, y Loquillo, premiado en 1987 como toro más bravo de la Feria de San Isidro, un reconocimiento que en Madrid se concede con cuentagotas y que confirma que la casa ha dado también días grandes.
La huella de esta sangre va mucho más allá de su propio hierro y de las plazas donde se anuncia. Reses de Povedilla intervinieron en la formación de casas como Isabel Flores, Valdemoro, La Guadamilla, El Sierro o Arauz de Robles, de modo que el Gamero Cívico conservado en Albacete sirvió de cantera para otras ganaderías españolas. También cruzaron el Atlántico: la colombiana Fuentelapeña importó sementales y, en 1979, veintidós vacas y cinco toros de este origen, llevando la línea al campo bravo americano.
En Toros en la Mancha acercamos ese mundo a la tienda: indumentaria, capotes, monteras, grabados y regalos para quien vive la fiesta desde el tendido o desde el campo, piezas pensadas para durar y estar a la altura de una divisa con esta historia detrás.
NEW
DESCUENTO -5%
DESCUENTO -17%NEW
DESCUENTO -5%La vacada brava pasta en la finca El Palomar, en Povedilla (Albacete), unas 3.000 hectáreas de monte y dehesa que pertenecen a la familia desde 1910. La casa cuenta además con Los Alarcones, en Andújar (Jaén), con más de 6.200 hectáreas en Sierra Morena.
El encaste es Gamero Cívico, procedente de Parladé y, más atrás, de Ibarra y Murube. Tras la Guerra Civil solo sobrevivió ese núcleo de sangre, que se ha conservado hasta hoy y convierte a la ganadería en una de las últimas reservas de este encaste.
La divisa es azul, encarnada y oro, y la señal, zarcillo en ambas orejas. Es uno de los hierros más identificables del campo bravo español, con toros de gran arboladura, cuerpo largo y hondo y aire leonino.
El wiki de PortalTaurino fija la antigüedad el 22 de abril de 1928, fecha de su presentación en Madrid con la divisa actual. Otras fuentes sitúan esa presentación el 15 de mayo de 1928, en la plaza de la carretera de Aragón.
El festejo previsto en Inca (Mallorca) el 29 de marzo de 2026 se suspendió por la lluvia y la imposibilidad de acondicionar el ruedo con seguridad. El ganadero decidió no lidiar esos toros ese año y guardarlos para torearlos como cinqueños en 2027.