Al norte de Jerez de la Frontera, en el corredor de campiña que se extiende al abrigo de la Sierra de Gibalbín, pasta desde hace más de setenta años una vacada cuyo nombre reaparece cada primavera en los carteles de novilladas de la Real Maestranza. No es una casa de grandes titulares ni de corridas de máxima expectación, sino una de esas ganaderías discretas que sostienen el escalafón menor, el que da de comer y de aprender a los novilleros antes del doctorado. Dos fincas gaditanas, dos hierros hermanos y una divisa azul componen la identidad de la ganadería Rocío de la Cámara.
El árbol arranca en 1920, cuando Antonio Flores Tassara se hizo con una vacada de procedencia Hidalgo Barquero, una de las viejas casas andaluzas de la primera mitad del siglo. Aquella base cambió de manos con cierta frecuencia: pasó en 1931 al matador Marcial Lalanda, figura mayor del toreo de su tiempo y ganadero como tantos diestros de la época, y en 1945 a Silverio Fernández Ovies. El giro decisivo llegó en 1952 con el empresario Fernando de la Cámara Gálvez, que optó por la vía más radical que existe en el campo bravo: eliminar por completo lo anterior y rehacer la ganadería desde cero con reses de Carlos Núñez y de Villamarta, dos hierros de referencia en la Andalucía de aquellos años. Desde 1965 el hierro se anuncia a nombre de su hija, Rocío de la Cámara Ysern. Ese borrón lo explica todo, y conviene subrayarlo para no confundir fechas: lo lidiado hoy no desciende de la vacada de los años veinte, aunque el origen figure en los papeles.
La base Núñez-Villamarta de 1952 no permaneció intacta, como casi ninguna en el último medio siglo. Llegaron sementales de Santiago Domecq y de Torrestrella, y en 1991 un lote de vacas de Herederos de José Luis Osborne terminó de inclinar la balanza hacia el modelo dominante en las plazas. Por eso el encaste de Rocío de la Cámara se cataloga hoy en el tronco Juan Pedro Domecq por la línea Osborne —la rama más extendida del árbol que baja de Vistahermosa—, aunque conserve el poso nuñista de la primera hora en algunas familias de vacas. Responden en consecuencia al patrón domecqueño, el que el aficionado reconoce de un vistazo desde el tendido: reses brevilíneas, de perfil recto o subconvexo y hueso fino, con cuernos proporcionados y predominio de pintas negras, coloradas y castañas.
En 2001 la casa desdobló su cabaña y creó un segundo hierro, Cortijo de la Sierra, formado con vacas y sementales propios y con sangre de Osborne y de Núñez del Cuvillo. Luce divisa azul y oro, señal de hendido en ambas y comparte fincas, pastos y manejo con la matriz, de modo que ambas camadas se crían en idénticas condiciones. No es raro que se anuncien juntos en un mismo festejo —«los dos hierros», como suele leerse en las reseñas—, una fórmula habitual cuando una casa no reúne encierro completo de una sola marca.
| Temporada | Plazas y festejos |
|---|---|
| 2009 | Dos toros en Jaén |
| 2010 | Rejones en Linares y novillos en Las Ventas |
| 2015-2018 | Novilladas en la Real Maestranza de Sevilla |
| 2021 | Toros en Fuengirola y novillos en Sevilla |
| 2023 | Sevilla y novillada nocturna en Las Ventas |
| 2024 | Valdepeñas, Montoro, Saint Gilles y Valencia |
| 2025 | Sanlúcar de Barrameda y Antequera |
De ese recorrido sobresalen dos tardes por encima del resto. El 16 de marzo de 2025, en Sanlúcar de Barrameda, su encierro para el Circuito de Novilladas de Andalucía —el certamen que ordena la promoción en la comunidad— dio un triunfo rotundo y colectivo: dos orejas y oreja para Gonzalo Capdevila y para Javier Zulueta, y dos orejas para el debutante Ángel Pérez, que se estrenaba con ese ganado. Antes, el 30 de agosto de 2024, en Saint Gilles, Thomas Joubert eligió toros de la casa para cortarse la coleta y se despidió con dos orejas, un dato que dice bastante sobre la confianza que el hierro merece en el sur de Francia.
La cabaña se reparte entre dos fincas de la provincia de Cádiz, con aprovechamientos distintos y complementarios. El Cortijo de la Sierra, en Jerez de la Frontera, es un cortijo andaluz decimonónico amparado por la Sierra de Gibalbín, con el relieve y el monte bajo que dan resguardo al ganado; la Dehesa Boyal, en Chiclana de la Frontera, aporta pastos de campiña litoral, más suaves y de ciclo distinto. Por sus corrales pasó, además, de la mano de Curro Romero, el aprendizaje del joven José Ruiz Muñoz, en ese tentadero que sigue siendo la primera escuela del toreo.
El año en curso mantiene el perfil novilleril de siempre, sin desviarse del terreno que la casa domina: novillos en Montoro el 19 de abril y en Talayuela el 25, y el 31 de julio la novillada con picadores de El Puerto de Santa María, lidiada junto a Cortijo de la Sierra en una de esas combinaciones a dos hierros ya habituales, con orejas para Capdevila, Samuel Castrejón y Antonio Santana.
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DESCUENTO -5%Su ganado se cataloga en el encaste Juan Pedro Domecq a través de la línea de José Luis Osborne. La vacada se formó en 1952 con reses de Carlos Núñez y Villamarta, se cruzó después con sementales de Santiago Domecq y Torrestrella y en 1991 incorporó un lote de vacas de Herederos de José Luis Osborne.
La divisa es azul y la señal, zarcillo en ambas orejas. El hierro hermano de Cortijo de la Sierra, en cambio, luce divisa azul y oro y señal de hendido en ambas.
Sus reses pastan en dos fincas de la provincia de Cádiz: el Cortijo de la Sierra, en Jerez de la Frontera, al abrigo de la Sierra de Gibalbín, y la Dehesa Boyal, en Chiclana de la Frontera.
Data del 17 de junio de 1979, cuando la casa lidió una novillada completa en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, con Patrick Varin, Mario Triana y el mexicano César Pastor en el cartel.
Cortijo de la Sierra es el segundo hierro de la misma casa, creado en 2001 con vacas y sementales de Rocío de la Cámara y sangre de Osborne y Núñez del Cuvillo. Comparten fincas y manejo, y con frecuencia se anuncian juntos en un mismo festejo.