De las castas fundacionales que están en el origen del toro bravo, la jijona es la más manchega de todas y también la que ha estado más cerca de perderse. Su rastro arranca en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), donde la familia Jijón seleccionó entre los llamados «toros de la tierra» los ejemplares más bravos y de pelo colorado. Aquellas reses pastaban semisalvajes en las riberas del Guadiana y el Gigüela, y su prestigio fue tal que la Corona recurrió a ellas para nutrir la Real Vacada de Aranjuez, creada en 1607 bajo Felipe III y disuelta ya en tiempos de Carlos III. Cuatro siglos después, apenas un puñado de hierros sostiene esa herencia, y uno de ellos la lleva escrita en su propio nombre.
El árbol genealógico de la casa arranca en 1908, cuando Victoriano Angoso formó la vacada con reses de Veragua y Oñoro, reforzada en 1910 y 1912 con sementales de Saltillo y, a su muerte, con Santa Coloma. En 1932 una parte pasó a Rogelio Migorel del Corral, que le agregó sangre de Villar comprada a Arturo Sánchez Covaleda, y en 1951 la adquirió Higinio Luis Severino, que mantuvo la procedencia Vega-Villar.
El giro decisivo llegó en 1973 con Manuel Rueda Morales, que la anunció por primera vez como «Peñajara» y varió el hierro. En 1975 incorporó hembras de los Campines y en 1977 hembras y sementales de Baltasar Ibán, eliminando todo lo anterior; en 1984 sumó otro lote y volvió a variar el hierro. Ese encaste Baltasar Ibán, cruce de sangre jijona y vistahermoseña, es la base de lo que hoy pasta en sus cercados. Conviene recordar cómo se formó: Ibán partió de la vacada de Manuel González «Machaquito», reunió lo contrerino —de raíz vistahermoseña— y sumó reses de Vicente Martínez, que fue la vía por la que se coló el componente jijón. Mientras la rama de los herederos de Ibán derivó hacia lo contrerino, en Peñajara la selección tiró siempre en la dirección contraria.
El añadido de 1997 no fue caprichoso: cerca del 80 % de las reses conservaban sangre jijona. Un estudio genético dirigido en 2006 por el profesor Javier Cañón sobre casi ochenta ganaderías situó su pureza respecto a Baltasar Ibán en el 82 %. Aquellos trabajos, apoyados en marcadores moleculares, sirvieron para medir la distancia genética entre encastes y para documentar cuáles de ellos, por el escaso número de vacas madre, corrían riesgo real de dilución.
Lo primero que llama la atención de una corrida de este hierro es el colorido. Donde otras casas presentan lotes casi monocromos, aquí desfilan pintas que remiten a la ganadería antigua y convierten cada camada en un muestrario: el ensabanado casi blanco, el burraco de manchas irregulares, el salpicado moteado sobre fondo claro o el sardo de pelos entreverados son nombres que el aficionado apenas encuentra ya en los ruedos.
Ese perfil explica su presencia recurrente en el circuito francés —Céret, Vic-Fezensac, Mont-de-Marsan, Aire-sur-l’Adour—, plazas donde el trapío y la procedencia pesan tanto como el resultado y donde los hierros minoritarios sostienen carteles enteros ante un público que acude precisamente a verlos.
El palmarés se construyó a base de corridas premiadas antes que de faenas de oreja: es la única ganadería que ganó el premio a la corrida más completa de San Isidro sin que sus matadores cortaran un solo trofeo, una paradoja que resume bien la naturaleza de la casa.
| Temporada | Hito |
|---|---|
| 1989, 1993 y 1996 | Premio a la corrida más completa en la feria de Alcalá de Henares |
| 1995 | Premio a la corrida más completa en la feria de San Isidro |
| 2010 | Lidia en Pamplona, Valdemorillo y la Real Maestranza de Sevilla |
| 2021-2025 | Corridas concurso en Vic-Fezensac, Las Ventas, Mont-de-Marsan y Zaragoza |
| 2026 | Toros en Chinchón, dentro de la Copa Chenel, el 11 de julio |
Ha pisado Las Ventas en una decena de temporadas entre 1999 y 2023, la Real Maestranza de Sevilla en 1997, 2009 y 2010, y ferias como Zaragoza, Valencia, Granada, Córdoba, Vitoria, Teruel, Burgos o Málaga: un recorrido que combina las plazas de primera categoría con los cosos donde el encaste raro tiene arraigo. En 2014, tras una corrida deslucida en Madrid, la casa denunció públicamente la sospecha de un sabotaje sobre los toros lidiados.
En Toros en la Mancha nos mueve la misma idea que sostiene a hierros como este: lo antiguo merece cuidarse. Reunimos capotes, muletas, monteras, divisas y artículos de coleccionismo taurino para quien vive la fiesta desde el tendido o desde el campo.
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DESCUENTO -5%Pertenecen al encaste Baltasar Ibán, incorporado a partir de 1977, cuando se eliminó lo anterior. Es un encaste que cruza sangre jijona y vistahermoseña, y en el caso de Peñajara la selección ha tirado siempre hacia el componente jijón, de ahí el nombre completo de la casa.
Actualmente sus reses pastan en la finca Quejigoso, en Calera y Chozas (Toledo), y en Torviscoso, en Peraleda de la Mata (Cáceres). Históricamente la vacada estuvo en las fincas Hoyuelo Alto y Bajo y El Cabal, en El Ronquillo (Sevilla).
La divisa es azul y oro y la señal, orejisana. Su antigüedad en la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia data del 1 de mayo de 1984.
Es una de las castas fundacionales del toro de lidia, originaria de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), donde la familia Jijón seleccionó desde finales del siglo XVI los toros de la tierra. Está entre las más antiguas y hoy sobrevive en muy pocos hierros, motivo por el que Peñajara la reivindica en su propio nombre.
El titular es el ganadero y empresario toledano Antonio Rubio Sánchez, que adquirió la ganadería a José Rufino Martín en torno a 2016-2017 y conserva el hierro, la divisa y la antigüedad. Dirige además el hierro hermano de Alejandro Vázquez, de línea Rincón-Núñez.