Aranda de Duero es conocida en toda España por su vino Ribera del Duero y por su lechazo asado, pero la ciudad tiene también una tradición taurina de notable importancia que forma parte de su identidad festiva. Las fiestas patronales de Aranda tienen en los festejos taurinos uno de sus momentos más esperados por la afición local, y la historia de la ciudad incluye momentos memorables en los que el toro bravo fue protagonista de tardes que los aficionados arandinos llevan grabadas en la memoria. La figura de Morenito de Aranda encarna esa relación íntima entre una ciudad y su afición taurina.
El toreo castellano tiene señas de identidad propias que lo diferencian de otras escuelas regionales. La sobriedad, el compromiso y el valor sin los alardes exhibicionistas que caracterizan a otras escuelas son los rasgos que definen a los toreros surgidos de la meseta castellana. No se busca el efecto fácil ni la galería: se busca el toro, se lidia con honestidad y se ofrece al público un espectáculo basado en la verdad del toreo, sin artificios. Esta forma de entender la fiesta brava es la que mejor se adapta al carácter de una afición exigente y poco dada a los excesos.
Castilla ha dado a la tauromaquia española figuras de primerísimo nivel a lo largo de la historia. Desde Roberto Domínguez, el Espadón de Valladolid, hasta El Viti, el mítico matador de Salamanca que acumuló más salidas a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas que ningún otro torero, la meseta castellana ha demostrado que la geografía no limita la vocación ni el talento. Morenito de Aranda se inscribe en esta tradición de toreros castellanos que han llevado el arte de su tierra a los ruedos de toda España.
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